Te fuiste, me dejaste.
Te plantaste frente a mi con toda la valentía y me dijiste que ya no querías ser más mi pareja.
Y yo escuché mientras tanto el sonido de mi corazón cuando se rompió.
No sé si pasaron unos minutos o muchas horas. Sólo sé que el mundo se detuvo, mi vida quedó en pausa.
Mil cosas se me pasaron por la cabeza en ese momento que te pedí no dijeras más.
Lo que más fuerte me sonaba era tu certeza de que sabías exactamente lo que estabas haciendo, que ya estaba decidido y no había vuelta atrás. Me aferré a esa realidad para no rogarte que te quedaras, para no convencerte de que nadie en este mundo te querrá como yo, me quedé en silencio... hasta que entendí que era el fin.
Y debía ser un fin de los buenos. De por sí dolería... así que para qué hacerlo más dificil aún.
Conversamos mucho rato, lloramos, nos reímos y decidimos cómo lo haríamos con las cosas que habían en esa casa, verdadero museo a nuestra relación.
Los días siguientes estuve tranquila, pensando en ti y en que estaba segura de que era una buena decisión. En el fondo yo también sabía que no dábamos para más.
Todo es mas raro cuando tienes una relación maravillosa donde no sabes que hacer cuando la terminas.
Esta era la primera vez que terminábamos, y no estábamos enojadas ni en una discusión de pareja. Eso lo hacía terroríficamente más real aún.
Todo me recuerda a ti.
El fin de semana que siguió me dediqué a poner en un rincón de esa casa todas las cosas de las que tenía certeza que eran tuyas, el resto no sabía de quien era ya que siempre lo tuyo fué mío y viceversa.
El proceso de abrir cajones y seleccionar lo que es tuyo y lo que es mio me tiró al suelo, de hocico.
LLoré con pena por haberte perdido, te extrañé y recordé nuestros últimos días juntas, que fueron bellos.
Me quedo con uno de ellos... esa mañana te bañaste, yo me levanté después de ti y te encontré en el baño desnuda, te abracé por la cintura y descancé en tu espalda. Pasé mil veces mi naríz por tu cuello, te besé el pelo y te acaricié completamente.
Te dije, podría morir en este momento y moriría feliz.
Hoy no sabes lo intenso que se siente tu olorcito... y te recuerdo... te sigo recordando.
LLoré... como te iba diciendo. Por que te perdí.
Cuando la pena me empezó a consumir... me dí cuenta de que debía intentarlo, que no pensaras que estaba rendida, que no me la jugaría por tí.
Te pedí que nos vieramos, te pedí que volvieras...
No me fué bien... te prometí entonces que te esperaría que si te enamoraste de mi una vez podías enamorarte mil veces de mi. Que sanaramos nuestros corazones, que nos diéramos un tiempo de tranquilidad.
No me fué bien...
Así que desde ese día decidí tomar por decreto que lloraría lo que tenía que llorar... y cuando estuviera preparada para ponerle play a mi vida lo iba a hacer...
Y aquí estoy... tampoco queriendo volver a atrás.
Te extraño, te deseo y te amo.
Pero en este momento, ni tu me mereces. Ni yo a ti.